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Enrique Castillo, Opina.21ecastillo@peru21.com

El indulto a Fujimori –tema que está en agenda aunque se niegue– es quizás el asunto más controversial. Ollanta Humala tendrá que elegir entre una posición de principio y una decisión pragmática, y deberá optar por seguir conservando el apoyo que tiene de sectores como el que encabeza el escritor Mario Vargas Llosa y lo que aún le queda de la centro izquierda, o tener asegurados los votos de la disciplinada bancada fujimorista en el Congreso. Y aunque la encuesta de Ipsos Apoyo señale que el 66% estaría de acuerdo con indultar a Fujimori, la gracia presidencial no dejará de ser un flanco débil para la credibilidad y la legitimidad de su Gobierno.

Los temas laborales y económicos también van a ser una piedra en el zapato. El segundo tramo del aumento de la remuneración mínima vital, la derogatoria del CAS, los proyectos de la Ley General del Trabajo y del reglamento de la Ley de la Consulta Previa, la negociación en Cajamarca sobre el proyecto Conga y sobre otros proyectos mineros, así como algunas iniciativas como la de exonerar del pago de impuestas a las mypes por tres años, van a poner a prueba no solamente el orden del Gobierno sino también su coherencia con el modelo.

El escenario no va ser un lecho de rosas y demandará mucho tacto, destreza e inteligencia de parte del Gobierno, sobre todo porque muchas de estas decisiones pueden empezar a polarizar al país, y llevarnos –si Humala insiste además en sus inexplicables propuestas y referencias sobre los militares– a sentir que la historia si puede repetirse, en lo político y en lo económico.