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Enrique Castillo,Opina.21ecastillo@peru21.com

No han sido pocas –en estos nueve meses– las situaciones en las que todo el Gobierno se ha visto arrinconado, y que ha tenido que salir con mucha fuerza –digna de mejores causas– a defender ciertas decisiones que a varios ministros les resultaban bastante incómodas, para terminar –luego de mucho tiempo y vano esfuerzo– retrocediendo o buscando una manera de salir del embrollo. El caso Antauro resulta, en esto, emblemático.

Lo curioso es que estas situaciones han sido generadas –en la mayoría de los casos– por temas personales más que por decisiones de Estado. Desde el caso Alexis Humala, pasando por el caso Omar Chehade o los de asesores nacionales y extranjeros, hasta llegar al caso Antauro Humala, vemos cómo el Gobierno ha tenido que asumir onerosos costos por temas que podían evitarse o resolverse muy rápidamente.

Hoy, cuando el Gobierno impulsa denodados esfuerzos para cambiar la agenda mediática y alejarla de los casos "emblemáticos" a los que nos hemos referido, nuevamente se pone en debate –hasta con cálculo de votación incluido– otro tema personal: la candidatura presidencial de la Primera Dama.

Cierto es que el presidente tomó distancia del fujimorismo –extraño promotor del tema– pero también es verdad que ni negó, ni afirmó –ni todo lo contrario– la posibilidad de una eventual candidatura de su esposa. Pueden estar "jugando" con el tema y dejar que se especule –sea por vanidad o por cálculo–, pero ese juego puede ser muy peligroso. Lo peor que podría ocurrirle a este Gobierno es caer en el juego del personalismo, y convertir en causa común lo que solo le interesa a una persona o a una pareja. Si así fuera, estarían pateando la misma piedra una vez más.