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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

¡Qué pesadilla deben estar enfrentando hoy los estadounidenses pensantes! Primero, elegir entre Santorum, un delirante religioso con rasgos de fronterizo, y Romney, un multimillonario que piensa aplicar en el gobierno su experiencia en los negocios. Luego de optar por uno de esos dos, el ganador irá contra Barack Obama, primer Premio Nobel de la Paz que alimenta guerras y que no ha hecho casi nada de lo prometido en su campaña anterior. No cerró Guantánamo, no abolió la tortura, fue cómplice del golpe de Estado en Honduras, donde hoy el crimen organizado –desde el Estado– elimina periodistas y sindicalistas, etcétera.

Entre ellos tres no hacen uno. La crisis de la superpotencia es tan profunda que el nivel de credibilidad de los candidatos, que se ofrecen para resolverla, hace parte de la propia crisis. Santorum, en un arranque histérico afirmó, en un país donde hay actualmente 14 millones de desocupados: "No me importa cuál vaya a ser la tasa de desempleo, a mí no me importa. Mi campaña no gira sobre la tasa de desocupación ni la tasa de crecimiento económico". ¿Girará, siendo un fanático religioso, en torno al aborto, los preservativos, la pornografía, los matrimonios homosexuales y la necesidad de seguir con las guerras en curso? Posiblemente, pero ninguno de esos temas contribuirá a sacar a los Estados Unidos del tobogán en el que lo ha colocado su infantil etnocentrismo. Ni de su obsesión por el lucro, su amoralidad en materia de negocios, su convicción de que Dios les ha dado una misión para salvar a la humanidad, así como su complejo industrial-militar que alimenta todas esas patrañas.