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Por: María Luisa del Río, PeriodistaAutor: Gonzalo Pajaresgpajares@peru21.com

María Luisa del Río es una de las periodistas que mejor conoce el Perú profundo, ese que muchos queremos más por la generosidad de su gente, por su geografía, por parecerse al paraíso. Acaba de reunir sus columnas de opinión de El Comercio –donde es editora de Regionales– en El Perú arde, volumen que hoy presenta en la Feria del Libro de Quito.

¿Desde cuándo viajas?Desde los 18 años. Durante muchos años viajé de forma precaria: acampaba, me quedaba en hospedajes baratos, etcétera. Me gusta lo rústico, los espacios que están alejados de la ciudad, pero ya no me excita encontrarme con cucarachas debajo de la almohada (ríe).

Viviste en Santa María de Nieva, un escenario de La casa verde, la novela de Vargas Llosa.Trabajaba en Somos, viajaba mucho y me fui a una expedición. No había leído La casa verde y no sabía que hablaba de la selva. Lo curioso es que llevé el libro al viaje. Allí leí sobre la tortura de un gobernador a un nativo. Pregunté por ellos y me dijeron que estaban vivos. Los busqué, me contaron su historia y la publiqué en Somos; esto no le gustó nada al gobernador (ríe). En Santa María de Nieva conocí a Índigo, el papá de mi hija. Al poco tiempo volví al lugar, a vivir con él.

También has vivido en Huanchaco…Sí. Me mudé hasta con el perro. Decidimos alquilar una casa y poner un bar: La Tribu.

Y luego te fuiste a Cusco…Sí: al padre de mi hija le ofrecieron trabajo en Urubamba. Apenas llegué me encargaron Cusco Bizarro, un libro escrito desde el asombro. Se publicaron unas 140 historias de las 200 que escribí. No soy una experta en Cusco, soy una experta en sus rarezas y en disfrutarlo. Cusco me encanta y, cada vez que voy, me pasan cosas mágicas.

¿Te gustan los cusqueños?(Suspira). Ay, los cusqueños…, son ceremoniosos y rimbombantes. Viven de su historia, lo merecen, pero eso no les da una investidura especial; no son personas superiores ni más puras.

Ya no estás con Índigo, ¿no?Ya no. Somos amigos y tenemos una hija, lo que no es poco.

Hubo un escándalo cuando empezaste a salir con una chica…Sí, fue un escándalo. Y ya no estoy con ella, pero voy a seguir por ese camino. Quisiera que la gente pueda vivir sin discriminación. Estamos muy atrasados en el tema de aceptar la homosexualidad, la bisexualidad. Pero, cuando veo a la gente joven, tengo esperanzas porque no clasifican, experimentan su sexualidad y sus respuestas sobre sus gustos no son tan categóricas.

¿Cómo interpretas tu espíritu viajero, nómade, aventurero?Yo le llamo la pata de cabra: por mucho que vivas en una gran ciudad, necesitas aire, necesitas espacio, necesitas encontrar otra lógica. El exceso de virtualidad y de lógica occidental con las que nos movemos me aburre muchísimo. No veo mucha tele, no miro la realidad a través de una pantalla y siento que mi conexión con la naturaleza es vital. No es un rollo filosófico sino físico: la ciudad me ahoga.

¿En esta actitud hay inconformismo, locura?Me gusta ver cómo viven los otros, cómo hay otra cosa en sus cabezas y descubrir lo cerraditos que estamos en la ciudad, pensando que las cosas funcionan. Sin embargo, lo que más me reta es la impotencia que siento cuando veo que, desde la ciudad, queremos imponer un modelo de desarrollo que, para los otros, no tiene ningún valor. Esto se ha vuelto uno de los motores de mi vida: ver los distintos valores que tenemos los seres humanos y qué hacer para que ninguno pretenda colonizar al otro. Soy sensible a la conflictividad del país: Conga es un ejemplo, pero hay muchos más.

¿Es justo el reclamo de quienes se oponen a Conga?Hay un par de líderes que usan el tema ambiental porque eso está de moda en la cultura occidental. Sin embargo, hay un reclamo legítimo de la gente que vive del agua de la cuenca, pero, como le decía a una amiga, la quebrada Almendáriz alguna vez fue un río, pero hoy allí hay un malecón, una ciudad llena de oportunidades, pero qué pasa cuando afectan el lugar donde vives a cambio de más pobreza. En Conga se han cometido muchas torpezas. ¿Cómo le van a hablar a la gente de 4,800 millones de dólares cuando la mayoría nunca ha tenido 40 dólares en la mano? No culpo a Yanacocha sino al Estado, cuya torpeza e ineficiencia no ha permitido que la riqueza generada por la minería no llegue a la gente. Tener mucho dinero por el canon no se ha materializado en obras; a la gente se le habla de una riqueza que nunca ha visto.

¿El Perú te duele?No, me arde (risas). Tiene todo para ser un país maravilloso, ejemplar y envidiable, pero su pasado es demasiado desigual. Creo que recién estamos tratando de entendernos, de distribuir la riqueza equitativamente. Por eso, nos espera una tarea titánica, pues debemos salir de la adolescencia en la que nos hemos quedado.

AUTOFICHA

- Patricia del Río es mi hermana. Soy mayor que ella (ríe). Hemos dormido juntas hasta cuando dejamos nuestra casa. Ahora yo soy la escritora, pero ella era la que leía (risas).

- Fui una alumna mediocre, muy distraída; hasta en la universidad tuve problemas con los números. En Lenguaje, en dictado, sí era sobresaliente.

- Estudié Comunicaciones en la de Lima, donde tuve profesores muy malos. Fue muy aburrido. No terminé. Estudiando nunca me encontré, viajando y escribiendo, sí.