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Fritz Du Bois,La opinión del directorEstamos presenciando una corriente de optimismo entre los peruanos que es bastante inusual en un país que es generalmente dado a ser bastante negativo sobre sí mismo y sobre lo que el futuro le depara. Así, tenemos que, ayer, luego del empate en el partido por las eliminatorias ante los bolivianos, nos sentíamos desilusionados, no solo porque pudimos ganarlo sino, principalmente, porque nos habíamos hecho la idea del triunfo como algo asegurado, pese a que nuestra selección de fútbol no gana en ese país desde hace 37 años.

Similar situación ocurre con la economía. Tradicionalmente, al margen de si estábamos creciendo o no, se hablaba de crisis económica en automático, como algo que estaba siempre presente, sin importar el gobierno o la estación. Ahora, el pesimismo económico ha quedado relegado a unos cuantos.

Incluso, por primera vez en 50 o 60 años, la enorme mayoría de peruanos están considerando voluntariamente el ahorrar en soles. Ello sin que exista ninguna imposición, obligación o control de cambio. Simplemente lo hacen porque es más rentable y no sienten que exista riesgo, con lo cual se podría decir que, finalmente, la población ha recobrado la confianza en su signo monetario.

Al final, ese optimismo se traduce en inversiones que realizan las familias tanto en vivienda como en educación, así como en un nivel de gasto y consumo que es muy dinámico. Mientras que los empresarios aumentan la capacidad de producción de sus fábricas para no perder participación en un mercado en expansión. Es un círculo virtuoso en el cual todos se retroalimentan gracias al entusiasmo.

Por otro lado, si comparamos nuestra posición con la depresión de los europeos o el malestar de los argentinos, por ejemplo, estamos en el polo opuesto. Por ello, deberíamos proteger como sea ese invalorable activo que es el optimismo. Es nuestra mejor garantía de crecimiento.