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Carlos Carlín,Habla.BabasPara empezar, le pido perdón a Phillip Butters por haberlo llamado Felipe Mantequilla y, a su vez, yo te perdono, Felipe, perdón, Phillip, por haberme sacado del cogote de la pastelería San Antonio. En este perdón quiero incluir también al administrador del local y a los mozos quienes no movieron un dedo para defenderme de una muerte segura. ¡Malditos sean! Perdón por insultarlos. Perdón a los panes con pollo que esa noche del demonio se ganaron con el espectáculo. Perdón a mis padres por elegir ser actor en lugar de ser un hombre de bien que entrega su vida a la función pública desde la Municipalidad del Callao, por ejemplo. Como Robert y sus amigos que dedicaron energía y esfuerzo en escuchar a los demás. Eso es valioso: saber escuchar. Perdón a Antauro por haberme reído de él cuando debería ser él quien ría, se ría y se siga riendo, y ja ja ja y cof cof cof, y no pare de reírse porque está buenaza esta cochinadita… Perdón. Y, finalmente, perdón a todos ustedes por haber escrito esta columna desde la pestilencia de una carpa en León Dormido en lugar de haber reflexionado, orado o haberme recojido. (Perdón, pero recogido se escribe con G).