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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

La popular canción de Nosequién y los Nosecuántos, que relata un día de playa en la vecindad de Arica –cerca de Lima–, habría tenido que incluir las últimas líneas de haberse escrito este verano, gracias a Sedapal, otra de las 'eficientes' empresas del Estado peruano.

En realidad, es difícil imaginarse otro lugar en el cual la empresa de agua haya contaminado durante todo un año a un balneario por falta de mantenimiento de sus desagües y ni siquiera intente repararlos o se haya disculpado. Simplemente, los tiene sin cuidado.

Ello es debido a que son un monopolio. Sus clientes están cautivos, por lo que no se molestan en darles servicio. En cualquier país del mundo sería un escándalo. Aquí ya estamos acostumbrados.

Sin embargo, si alguien plantea que el servicio sea prestado por el sector privado, inmediatamente aparecen demagogos rasgándose las vestiduras y gritando que el agua es para todos, por lo que, según ellos, tiene que seguir siendo un ineficiente monopolio. Hasta el regulador creado para velar por el consumidor ha sido capturado y ha confesado que no aprobó una planta de desalinización justamente para darles agua a esos balnearios – hoy desabastecidos– porque no tenía el visto bueno de la empresa del Estado (¿?).

Algún día, el millón de limeños más pobres que, gracias a Sedapal, sufren comprando el agua más cara y contaminada, entenderán el motivo por el cual el Gobierno los está protegiendo del mercado. A nosotros, esa lógica se nos ha escapado.

El sol se marcha, la gente se quitó / Unos en lancha, otros en camión / Pues todos son iguales bajo el sol / Menos los que compran agua en bidón / Cuacuacuacua…