Pasos.perdidos
Pasos.perdidos

En vísperas de cumplirse el primer año de gestión del nuevo Congreso, el 86% de ciudadanos califica su labor como mala y regular, según el último sondeo de Datum. La improductividad legislativa, los debates estériles y los escándalos provocados por la 'Robacable' o el 'Comeoro' pueden haber determinado esta caída libre en la aprobación al Legislativo. Pero quizá la principal causa sea, más bien, el dispendio con que su titular, Daniel Abugattás, ha manejado los recursos de ese poder del Estado. Ahí están su cancelado programa de gestores, el club de playa en Punta Negra, la condonación de deudas en favor de excongresistas, etc., etc., etc…

Para nuestra mala suerte, sin embargo, el barbudo oficialista no es el único que cree que el Congreso es su chacra y que puede gastar el dinero institucional como si este creciera en los árboles. Hay quienes, como Yehude Simon, logran hacerse de un programa como Módulo Perú, diseñado a la medida de sus aspiraciones electoreras. Otros, como Renzo Reggiardo, gestionan la impresión de 50 mil cartillas de seguridad ciudadana –tarea que le compete más bien al Ministerio del Interior–, y otros más que tramitan compras de sillas de ruedas, importaciones de medicinas o millonarias donaciones para zonas afectadas por desastres. Todo con dinero del Congreso, por supuesto.

Pero también están los más osados, aquellos que, como Cecilia Tait, pretenden cargarle al Congreso sus gastos por excesos en el uso del servicio de telefonía, a sabiendas de que fue en un viaje al extranjero, por razones personales, y no de trabajo. Nada menos que 8,014 soles que, de haberse aprobado, habríamos pagado los contribuyentes. ¿Y su vocación de servicio al país? Bien, gracias.