Pasos.perdidos
Pasos.perdidos

No tiene plumas ni lentejuelas, pero sus reiterados dislates lo han convertido en la vedette del Congreso. La cobertura mediática que antaño tuvo Susy Díaz la tiene hoy el oficialista Daniel Abugattás, que esta semana lanzó nuevamente sus dardos contra los medios de comunicación que no le rindieron pleitesía a su cancelado programa de gestores. Esta vez, las razones de su fastidio fueron dos: la filtración a la prensa de su frustrado viaje a Cuba, que –según fuentes acreditadas– postergó en el último momento, y de mala gana, para no darles en la yema del gusto a quienes criticaron su 'nacionalista' gusto por los médicos extranjeros, y su publicitado entredicho con el fujimorista Tapia, a quien mandó bien lejos en una conversación "de hombre a hombre".

Tras el incidente, la legisladora Marisol Pérez Tello, tratando de encontrar una justificación a tanto malhumor y exabrupto, comentó: "El poder lo ha embrutecido". Lo cierto es que el Abugattás de 2012 no es distinto al novato legislador electo que en 2006 le arrebató el micrófono a una reportera de televisión y el celular a otro periodista, agredió al fotógrafo de un diario local, se bajó los pantalones ante las cámaras de televisión, se enfrentó a la Policía y despotricó contra un periodista que tuvo la osadía de criticarlo. "Esta es la basura de gente que maneja el periodismo en el Perú", espetó entonces.

Sin embargo, un fugaz reciclaje maquillado le permitió, cinco años después, acceder a la Presidencia del Congreso, desde donde mira por encima de los hombros a sus pares, esos mismos que lo eligieron y que hoy, además de pedirle una pericia psiquiátrica, esperan con resignación que llegue el 26 de julio para ponerle fin a la era Abugattás.