Foto: Alberto Orbegoso
Foto: Alberto Orbegoso

Lucy Avilés,Cantante criollaAutor: Gonzalo Pajaresgpajares@peru21.com

Conocí a Lucy Avilés en un callejón de Renovación, en el cumpleaños 33 de 'Papeo' un gran percusionista. Aquella tarde descubrí que la música criolla era una expresión artística intensa, maravillosa, digna de oírse (y vivirse). Hoy, que acaba de editar Muñeca rota, un disco con canciones de Serafina Quinteras, les recomiendo oír su voz.

¿Ha sido una carga ser hija de Óscar Avilés?Nunca lo he sentido como una carga sino como una responsabilidad, como un compromiso para brindar siempre lo mejor, y de seguir la escuela de mi padre, que es la música criolla tradicional, música a la que amo, y cuyo amor es, obviamente, heredado. Desde que estuve en la barriga de mi mamá escucho esta música. Además, a mi casa siempre llegaban los familiares y amigos de mi papá –casi siempre mayores y criollos de estirpe– y, gracias a todos ellos, tuve la suerte de escuchar lo mejor del criollismo.

Chabuca Granda estuvo muchas veces en tu casa, ¿no?Sí, tuve la suerte de escucharla, de conocerla. Recuerdo que, cuando tenía 12 años, ella les pidió a mis padres permiso para llevarme a oírla. Mis padres aceptaron y pude verla junto con Caitro, con Pitito, grandes maestros juntos en un gran espectáculo. Sin embargo, no solo estuvieron los artistas conocidos. A mi casa llegaban personajes no profesionales, pero que hacían criollismo con mucha propiedad.

Es decir, tu padre nunca dejó de mirar al barrio, al callejón…Y tomar de cada barrio el estilo de canto, de instrumentación, pues en el Rímac, en el Callao, en Barrios Altos, en La Victoria, está la esencia criolla. Los padres de familia tenemos la responsabilidad de transmitir peruanidad a nuestros hijos. Un joven no puede amar la música criolla si no la conoce.

Trabajas con Willy Terry, uno de los productores de La Gran Reunión, discos que rescatan la voz –y los barrios– de viejos criollos…Nuestra amistad nació por el gusto hacia la música criolla tradicional. Por ejemplo, mi repertorio es no comercial, incluso inédito, con mucha presencia de las creaciones de cantores de barrio como Alberto Rubianes, Rodolfo Vela, Alfredo Leturia (quien sí llegó a grabar), Ricardo 'Curro' Carrera (quien graba Olga), Nemesio Falconí, Clarita Aguilar, etcétera.

¿Mucho de este repertorio se ha perdido para siempre?Estamos luchando para no perderlo. Por ejemplo, queremos grabar un disco con repertorio de la 'Vieja Guardia' (o Pre-Pinglo, luego vienen las etapas de Pinglo y la Contemporánea). Y pronto sacaremos un disco como el de La Gran Reunión, pero con músicos y repertorio del norte del país: se llamará El norte tiene lo suyo.

Y acabas de sacar Muñeca rota, un disco con canciones de Serafina Quinteras.Aparecen canciones representativas como El ermitaño, Muñeca rota, y otras no muy difundidas, a pesar de que Serafina –la madre de la poeta Blanca Varela– escribió letras maravillosas. Por ejemplo, Hermana, una belleza, canción que nunca la he escuchado grabada. También está San Blando, un tondero que a veces cantaban Las Limeñitas. Con este disco seguimos en nuestra tarea de recuperación del repertorio criollo tradicional, y reivindicamos la figura de Serafina, una letrista excepcional, que supo reunirse con compositores como 'El Carreta' Jorge Pérez, Eduardo Márquez Talledo, Laureano Martínez, Teresa Martínez, Amador Arnés, etcétera.

¿Es verdad que la música criolla está estancada, sin creadores contemporáneos?Primero, hay que conocer a quienes nos antecedieron, pues gracias a ellos amamos la música criolla. Segundo, hay un repertorio antiguo que debe ser conocido. Tercero, el pasado nos debe servir como referencia y, a partir de él, crear lo nuestro. Eso sí, te digo que, para que haya otro Pinglo, otro Avilés, tendrá que pasar un siglo.

¿Esto no es problema si el objetivo es popularizar la música criolla?Hay muchas nuevas producciones, el problema es de los medios, de las radios, que no pasan esta música.

Tienes la suerte de caminar sin miedo por los barrios populares de Lima y de cantar en sus casas, y en todos estos lugares ser bien recibida…(Ríe). Todo esto se lo debo a mi padre, a quien el pueblo peruano –y latinoamericano– le tiene un cariño especial. Él, en sus 72 años de carrera, le ha brindado bienestar a la humanidad. Esto no lo digo yo: está escrito en el Honoris Causa que le dio San Marcos, algo maravilloso. Por eso, cuando se enteran de que soy hija de Óscar Avilés hay un respeto adicional y una disposición a mostrarme su arte.

¿Viviste esas jaranas criollas de una semana o hay mucho de mito en eso?(Ríe). Se celebraba la antevíspera, víspera, serenata, cumpleaños, joroba, corcova, respinguete y andavete y, después, venía la octava. Me hubiera encantado vivir aquellos tiempos, pero hoy, como ya no soy reloj del día y los años pesan, solo celebro el día del santo (risas).

AUTOFICHA

- No quise dedicarme a la música, quería cantar cuando me provocase. A los 18 años, cuando Armando Manzanero me propuso grabar un disco en México, le dije "no".

- En el colegio tuve una banda de rock. Hacíamos covers de Peter Frampton, Bee Gees, Carpenters. Esa era la música que cantaba (y me encantaba).

- Tengo una hija de 23 años, Pamela. Estudia Ciencias de la Comunicación, pero, como todo Avilés, tiene el bichito del arte: es bailarina de danza contemporánea.