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Mónica Delta,Opina.21mdelta@peru21.com

Estamos seguros de que la estabilidad en el respaldo al presidente Humala de la mitad de la población es fundamentalmente porque ha respetado la hoja de ruta, con la que –contra todo pronóstico de su "gran transformación"– ganó las elecciones, porque decidió hacer lo que la mayoría le exigía: continuidad sin sobresaltos. El tiempo de aprendizaje, tras tres gabinetes y 40 ministros, entre los que están y los que se fueron, esperemos haya concluido. Lo que tendría que llegar en 2013 es la verdadera reforma del Estado, que desde la segunda mitad de los 90 se paralizó por intereses electorales y nadie tuvo 'los pantalones' para terminarla.

Los conflictos sociales no están resueltos, están adormecidos porque el Gobierno retrocedió en su intento de sacar adelante más de un proyecto de inversión. Las demandas sociales, como todos los años, también tienen vacaciones, pero lo que hoy parece calma, por el inicio de lluvias en la sierra, en marzo volverá a ser demanda con su consiguiente bloqueo de carreteras, salvo que las leyes no sigan de adorno, sino que se logre el suficiente liderazgo para que se ejecuten. El gran anuncio de acabar con la minería ilegal quedó como otro de los tantos 'fuegos artificiales', que solo duran el tiempo que las luces se prenden. Nada más. Ni qué decir sobre la inseguridad y el incremento de la criminalidad en el Perú. Mucho ruido y pocas nueces y, por supuesto, muchas víctimas. La palabra corrupción cada vez es más devaluada. Hay infinidad de ejemplos que podríamos enumerar, pero no quisiera 'aguarle' el ánimo festivo a nadie. Habrá tiempo de repasarlos el próximo año. Por todo esto, hermanos peruanos, hay mucho que hacer. El 2013 es crucial para lograr una nación que no solo crezca en números, sino en oportunidades. Es la única manera de convertirnos en un país respetable. ¡Feliz Año!