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Fritz Du Bois, La opinión del directordirector@peru21.com

Sin duda, es increíble cómo un Congreso que recién se ha iniciado ya tiene 26 parlamentarios haciendo cola para ser investigados, y el número sigue aumentando. Solo en los últimos días, tanto la vicepresidenta Espinoza como el legislador Diez Canseco se han sumado.

Más aún, considerando la poca credibilidad que tiene el Congreso ante la población, uno pensaría que del enorme presupuesto que el Parlamento se ha otorgado destinarían recursos adecuados para demostrarles a los ciudadanos que en materia de corrupción no les tiembla la mano y sí están actuando.

Por ello, esperamos que la Mesa Directiva, en lugar de estar derrochando el dinero de los peruanos aprobando costosos viajes internacionales para discutir sobre brujería –cuando si hay algo que nos sobra son aprendices de brujo locales–, esté dispuesta a canalizar todos los fondos que sean necesarios para que la Comisión de Ética cumpla expeditivamente con su trabajo.

En realidad, sería ideal que la comisión logre evaluar todos los expedientes que tiene pendientes antes de finalizar el verano y, así, poder presentar, al inicio de la próxima legislatura, una recomendación en cada caso.

Por otro lado, el Congreso no puede darse el lujo de que la quinta parte de sus miembros estén indefinidamente cuestionados en espera de ser 'juzgados'. Algunos terminarán paralizados y, simplemente, no cumplirán con su función. Mientras que otros estarán tan pendientes de su caso que no actuarán con objetividad, ya que estarían permanentemente preocupados.

Finalmente, es probable que más de uno trate de negociar apoyo intercambiando algún favor para solucionar su situación, con lo cual el Parlamento se convertirá en un mercado. Para evitarlo, el pastor Lay tiene que apretar el acelerador.