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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Por ejemplo, el embajador israelí dijo: "Tres mil años de historia judía ilustran el peligro de ignorar a los fanáticos como el presidente iraní, sobre todo cuando se acerca al armamento nuclear". Lo dijo como si Israel no contara con fanáticos propios –y muchos más–, como si Israel no dispusiera de un formidable arsenal atómico.

Un representante de EE.UU. remarcó la necesidad de 'transparencia' de Irán y dijo que "el compromiso de EE.UU. con Israel es inconmovible". ¡Bravo!, pero no sería prudente reclamar igual transparencia de los israelíes. Además, decir un compromiso "inconmovible" es un cheque en blanco para que Israel, gobernado por una derecha poco reflexiva, haga lo que le dé la gana, incluyendo un bombardeo nuclear contra Irán, que perjudicaría a la región entera y acarrearía consecuencias imprevisibles.

Ya debería saber EE.UU., luego de las aventuras fallidas en Irak y Afganistán, que la fuerza militar no lo es todo y que seguir azuzando el odio musulmán es un mal negocio. De Ahmadinejad citaron tonterías impactantes, como que "nadie da lugar a nacimientos mediante la homosexualidad, porque la homosexualidad hace cesar la procreación". Lo que justificó que la ONU afirme que los gays en Irán "enfrentan acoso, persecución, castigos crueles e, incluso, pena de muerte". Tema terrible mientras no se le compare con un ataque nuclear.