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Mauricio Mulder,Pido la palabra1. Si el presidente de la República reafirma que confía en su primer ministro y diversos miembros de su bancada disparan contra este buscando que renuncie, es porque, entonces, en realidad en quien no confían es en el propio Ollanta Humala y cuestionan su capacidad de elegir a sus ministros y, en general, su gestión pública. No se atreven a sostener su pensamiento en público porque abrigan la ligera esperanza de derrumbar a Valdés y, acto seguido, copar el entorno presidencial para capturar al jefe de Estado y convertirlo en un rehén.

Es la lógica intrínseca de todo comunista, como enseñara Antonio Gramsci. Allí donde haya un solo comunista, este debe "hegemonizar", dominar, controlar, dirigir. El pacto, el diálogo, el entendimiento con fuerzas burguesas solo debe ser entendido como una táctica momentánea y marginal dentro de la estrategia de la hegemonía. El objetivo no debe nunca cuestionarse, y todo se supedita a él sin importar los medios que sean aplicables, sin tener en cuenta escollos morales, jurídicos o personales que desvíen o bloqueen el objetivo.

Por eso, los comunistas nunca necesitaron convertirse en partidos de masas, salvo algunas excepciones como Italia, España o Francia. Esa pretensión era característica más bien de las corrientes socialdemócratas o nacional revolucionarias. Ello porque esos partidos habían adoptado el campo democrático y los procesos eleccionarios como una vía válida para llegar al poder, algo que un verdadero ultra no puede aceptar sino solo como un espacio de lucha. El poder real debe conquistarse solo por la lucha armada o la vía insurreccional porque el poder no se comparte con el enemigo de clase ni su ejercicio se consulta con nadie, solo se impone.

Y aunque esto fue escrito hace más de cien años, son las reglas vigentes hoy en los eufemísticamente llamados "conflictos sociales" de nuestro país. Se busca o se crea un escenario de fricción, y luego se lidera dicho escenario hacia un objetivo político: la toma del poder.

El poder no es solo mandar desde Palacio. Se tiene poder cuando se logra arrinconar a un gobierno y se desestabiliza su espacio de maniobra, cosas que se pueden hacer sin disparar un solo tiro. ¿No fue así acaso como Evo Morales impulsó en Bolivia la caída del sistema democrático? Se encaramó en el poder y no va a soltarlo nunca. Aquí, por ahora, no quieren llegar a tanto, pero sí copar al presidente y convertirlo en su rehén. La pregunta es: ¿Se dejará Humala pisar el poncho?

2. Digresión aparte, dado que ningún medio recogió la noticia pese a ser importante: Un miembro de la llamada megacomisión, muy orondo él, salió a decir que una empresa participante en la construcción de un colegio había refaccionado la casa de Alan García, imputando delito. Convocado el titular de dicha empresa, este demostró que entre sus clientes había más de un señor García, pero ninguno era el expresidente. El congresista abrió la tremenda boca que posee y se quedó mudo. Así como no sabía qué es el VRAE, no sabía tampoco que en el Perú hay más de una persona que se apellida García. ¿Tendrá ahora la decencia de ofrecer disculpas públicas por su ligereza? Apuesto a que no.