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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

En una sociedad que –ante la independencia que buscan los jóvenes– tiene tendencia a que los lazos familiares se vayan debilitando cada vez más rápidamente, es fundamental darles a los hijos un buen ejemplo y una sólida base moral desde temprano, para que cuando cumplan la mayoría de edad –pese a ser aún adolescentes en la realidad– inicien su vida de adultos estando debidamente preparados.

Así, tenemos que no deberíamos reprimirlos para hacerles sentir que llegar al hito de ser legalmente adulto es un cheque en blanco o un cambio radical en la vida que han venido llevando. Más bien, los padres deberíamos tratar de que nuestros hijos entiendan, siempre, el motivo de las reglas que aplicamos para que los parámetros que respetan en nuestras casas continúen siendo el sendero por el que van a seguir avanzando.

Lamentablemente, no siempre los padres dan un buen ejemplo ni tienen el código adecuado. Eso hace que muchos jóvenes adopten malos hábitos. Por ejemplo, en los últimos años ha sido evidente el relajamiento con el que se trata el consumo de alcohol por parte de menores. Desde las 'discotecas' para escolares hasta el total desinterés de la enorme mayoría de municipalidades por controlar la venta de licores, es claro que, socialmente, lo estamos aceptando.

Pero, lo más dramático ya no es solo que hayamos perdido la capacidad de indignación y que nos hayamos acostumbrado a ver niños tomando –sin que las autoridades hagan algo por controlarlo– sino que, en la mayoría de casos, han sido los propios padres quienes lo han permitido o hasta fomentado.

Por ello, el tema del alcoholismo entre adolescentes tiene que ser puesto nuevamente sobre la mesa y exigir la participación de todos los involucrados. Partiendo por el Congreso, para endurecer la legislación que prohíba la venta de licores a menores; siguiendo por los alcaldes, que deberían empezar a cumplir con su función y cerrar establecimientos que les venden bebidas alcohólicas a quienes no han cumplido los 18 años.

Mientras que la Policía tiene que empezar a tomar más en serio su trabajo, ya que no tiene sentido alguno que se den leyes de tolerancia cero si solo cuentan con 27 alcoholímetros. ¿Qué hacen con los millones de soles que reciben mensualmente por ponerles papeletas sin firma a los ciudadanos?

Finalmente, estamos los padres, quienes deberíamos reflexionar si queremos que nuestros hijos también arrastren las taras y los malos hábitos que han destruido a tantos peruanos. Un joven con problemas de alcohol a los 15 o 18 años es alguien que va camino a ser desperdiciado. Es hora de hacer algo.