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Lucía de Althaus,Opina.21quererteatiperu21@gmail.com

Me horrorizo de solo pensar de cuántas cosas se les priva a estos niños, empezando por su libertad. No tienen la opción de elegir quiénes quieren ser, ni tampoco pueden pensar diferente, puesto que la violencia cotidiana en la que están inmersos los deja perplejos, sin la posibilidad de pensar. Solo repiten los cantos subversivos en automático, sin saber que están coreando su propia prisión. La falta de un apego seguro que los contenga emocionalmente frente a tanta brutalidad y descuido los envuelve en una coraza de insensibilidad, de donde solo brotará mayor violencia. Sin embargo, apostando por la plasticidad de la mente y creyendo en la capacidad de resiliencia del ser humano, el Estado debe rescatar a estos niños preparando un programa especializado que les ofrezca la posibilidad de rehacer sus vidas y decidir quiénes quieren ser.