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Ariel Segal, Opina.21 arielsegal@hotmail.com

En el Evangelio de Mateo (2:1-2, 11) hay referencia a los Reyes Magos llevando ofrendas al recién nacido Jesús: oro, incienso y mirra; y, sin embargo, la tradición de dar regalos en Navidad se inicia en el siglo 19 con la fama que obtuvo el Christmas Carol (Cuento de Navidad) de Charles Dickens, publicado en 1843. La obra presenta al famoso Scrooge, un huraño y tacaño hombre de negocios que detesta perder el tiempo en "sensiblerías" como la Navidad y, por ende, le exige a su pobre empleado Bob Cratchit que trabaje sin descanso. Todo cambia con la visita de tres espíritus: el pasado, el presente y el futuro que, al sensibilizarlo, lo convierten en un hombre bondadoso que pasa la Nochebuena llevando pavo y regalos a la familia de su trabajador y hace especialmente feliz con obsequios a su inválido hijo Tim.

La Navidad antes de Dickens se conmemoraba solo con plegarias. Hasta cierto momento del siglo 17, los puritanos ingleses rechazaban la fiesta y algunas iglesias protestantes prohibían conmemorarla por vincularla a sus rivales católicos. En la todavía colonia norteamericana de Gran Bretaña, fundada por puritanos, se celebraba de manera solemne en algunos hogares e, incluso, su festejo se llegó a declarar ilegal.

En el siglo 19, la obra de Dickens hace que todas las corrientes del cristianismo occidental adopten las costumbres esbozadas por el gran escritor, incluyendo la tradición de enviar tarjetas, los villancicos, los regalos y la 'blanca Navidad' de Dickens (vinculada a todos los 24 de diciembre nevando).

Sin proponérselo, Dickens –cuyo bicentenario de su natalicio fue celebrado este año– transformó la Navidad en una festividad universal con un mensaje con contenido social y humanista.