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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

En el lenguaje actual se habla más de consumidores que de ciudadanos, y ese lenguaje corresponde a quienes anteponen la suma y la resta de los dineros –bien o mal habidos– a la solidaridad y la cohesión que debiera primar entre quienes han decidido compartir su destino con el de aquellos que tienen sus mismas raíces.

Cuando el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Mitt Romney, declara que no le incumben los problemas de supervivencia de más la mitad de la población de su país, está agrediendo la concepción misma de nación y la está reemplazando por un principio en el que priman los intereses corporativos por sobre los derechos de los ciudadanos. El grupo sobre el conjunto. La voracidad del lucro por sobre la más elemental justicia social.

Esa concepción no solo afecta a los ciudadanos de EE.UU., sino también a la comunidad internacional. Un estado belicista, con pocos reparos para atropellar a quienes discrepan de sus opiniones e intereses, con una sofisticada industria de armas y un presupuesto militar superior al de más de la mitad de la humanidad, no es un buen vecino cuando su posible presidente considera a las corporaciones como el eje privilegiado de su futuro mandato. Si actualmente vender armas y promover conflictos es un objetivo prioritario, la presencia de Romney en la Casa Blanca agudizará esta tendencia y todos saldremos perdiendo.