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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Como si estuviéramos separados por una barrera o como si un muro como el de Berlín nos atravesara, basta que se toque un asunto vinculado a Fujimori, la Católica o Villarán y voilà, adiós ecuanimidad.

El último ejemplo es el fallo sobre el grupo Colina; desde el momento en que se hizo público se marcó la cancha por la mitad. Más aún, los ataques han ido subiendo de tono cada día, al punto que en cualquier momento un supremo y un ministro de Estado se sacan los sacos para dirimir diferencias en un solo acto.Ahora ya estamos en la fase de la intolerancia, con unos encadenándose a las rejas del Palacio de Justicia mientras son impublicables las respuestas de la otra parte en las redes sociales.

Algo similar ocurre con la controversia entre el Vaticano y la Católica, que ha terminado en un desastre. Lo único seguro es que habrá honorarios para abogados litigando por muchos años mientras que los alumnos no sabrán cuál es el nombre de la universidad en la cual se van a graduar. Un templo del conocimiento y la razón ha terminado, gracias a la intolerancia, en ese lamentable estado.

Finalmente, está la comedia de errores en la revocatoria de Susana Villarán y la respuesta destemplada de sus defensores. Aquí nuevamente no ha existido término medio y, más bien, lo que habido es cero objetividad entre todos los involucrados. Un proceso que hubiera podido parecer perfectamente válido si algún político lo hubiera hecho de modo abierto y franco ante la masiva desaprobación a su gestión ha terminado siendo un movimiento de agazapados contra aprendices de espía del otro lado. En suma, ha sido una pelea de callejón de la cual nadie ha salido bien parado.

Mientras tanto, la solución a los problemas de fondo de los peruanos sigue esperando; a ver si con el nuevo gabinete mejoramos.