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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

No hace falta ser economista para comprender que las soluciones a la crisis que se están aplicando en Europa conducirán al fracaso. Quizá mejoren transitoriamente los números pero, de eso pueden estar totalmente seguros, empeorará de manera creciente el humor social. ¿Cuentan los números? Evidentemente. ¿Cuenta el humor social? A la larga, mucho más que los números. Estos últimos pueden disfrazar las desgracias y crear expectativas que, en este caso, no pasarán de ello. El humor social, por su parte, puede alterar el clima mínimo de convivencia que toda sociedad requiere y puede orientar hacia el descalabro y el menosprecio por las normas. Cuando las normas dejan de ser consideradas como un instrumento idóneo para sobrevivir, no son cumplidas y los humanos devenimos en seres guiados básicamente por el impulso de la supervivencia. La razón se subordina a la emoción y las hormonas que otrora nos impulsaban a ahondar lazos con el prójimo –a empatizar con él como reaseguro inconsciente de esa supervivencia– comienzan a multiplicarse exponencialmente y nos arrojan al caos de una ansiedad incontrolada que nubla nuestro pensamiento y hace pesada, cuando no imposible, la reflexión. Es una suerte de ruptura del llamado "pacto social", y cualquier persona, especialmente quienes representan la autoridad y el orden, se vuelve un enemigo potencial. Aquel ya histórico "Que se vayan todos" que pronunciaron los argentinos en el cenit de su crisis expresa, con transparencia, lo que puede ocurrir en una Europa que ha sido hipotecada a la irresponsable voracidad de los grandes poderes económicos.