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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Hace más de 20 años que vengo trabajando sobre este tema y estoy convencido que las opiniones de los psicoanalistas mencionados no son exageradas.

Desde la mudez transitoria hasta la locuacidad descontrolada, he visto la más diversa gama de reacciones de un expositor frente al público o de un entrevistado frente a su interlocutor en la TV o en la radio.

Gente que tiene mucho que aportar suele desordenarse frente al público o a la cámara y, luego, confiesa no recordar con claridad lo que expuso. Hemos filmado exposiciones cortas que luego analizamos conjuntamente con el expositor y una gran mayoría se asombra, no solo de la estructura de su exposición, sino también de la cantidad de gestos y ademanes que no tienen nada que ver con lo expuesto, pero que sí están directamente relacionadas con el temor que experimentan al realizar su exposición.

En realidad, el único miedo que debiera sentirse es al miedo mismo. Él –el miedo– suele ser el principal enemigo en quienes, teniendo los conocimientos adecuados, son incapaces de transmitirlos eficientemente. Manejar esa emoción, que está enraizada en las zonas más antiguas de nuestro cerebro, es sólo una cuestión de práctica que parte del conocimiento de las causas que lo determinan. Sabiendo dónde, cómo y por qué se origina podremos lograr que nuestra razón aplaque, al menos mientras exponemos, a la voluble emoción y al exigente instinto.