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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Ayer, el INEI publicó los resultados revisados por el Banco Mundial de la evolución de la pobreza del 2007 al 2011, confirmando que, en promedio, 900 mil peruanos han dejado de ser pobres cada año. Si bien aún quedan poco más de 8 millones en esa condición, no hay duda alguna de que se está avanzando.

Más aún, durante ese periodo, el Perú creció a una tasa anual de 7%, por lo cual esa debería ser la velocidad mínima de crecimiento para asegurar que se llega al 2021, a celebrar el bicentenario, habiendo logrado la verdadera inclusión con el problema de la pobreza finalmente superado. Ello a pesar de que el Estado continúa fracasando.

Así, tenemos que la región con más pobres extremos es Cajamarca, lo cual es para no creerlo. A pesar de su gran potencial minero, la han convertido en un mendigo sentado en un banco de oro demagogos como Santos, cuyo futuro electoral depende, más bien, de aumentar la miseria y el resentimiento.

¿Cómo puede una región que recibió más de mil millones de soles de canon en los últimos tres años no darles ni siquiera agua y desagüe a sus ciudadanos? ¿Cómo puede el aparato estatal, representado por el gobierno regional, haber abandonado a los cajamarquinos, que cada día están más pobres mientras que el resto del país está prosperando?

En realidad, la inaceptable situación de Cajamarca es un reflejo, ciertamente extremo, de que el Estado peruano no está funcionando. A los gobiernos regionales o locales que realizan un trabajo adecuado los podemos contar con los dedos de una mano. Mientras que el Gobierno Central ha dejado de intentar solucionar los grandes problemas nacionales. Por ejemplo, la reforma educativa ha sido dejada de lado para congraciarse con el sindicato.

Al final, la única esperanza que tienen esos ocho millones de pobres es que el mercado se siga desarrollando.