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Mauricio Mulder,Pido la palabraEl megapapelón de la comisión investigadora de la gestión anterior es una mala noticia porque se dirá siempre que no pudieron hacerse imputaciones serias por la incapacidad de los acusadores y no por la inexistencia de delitos. En la seguridad de saberse absolutamente inocente es mejor ser absuelto por un juez serio que por un inepto.

Pero ello se debe, sin duda, a la forma improvisada y figuretera con que se formó la famosa 'megacomisión', concebida como un estilete político. La forma atropellada en la que se quiso manejar el tema les impidió buscar con claridad los hechos delictivos que iban a investigarse, y se concentraron solo en las personas a ser imputadas. En lugar de investigar un hecho, dilucidarlo, explicarlo y determinar a sus autores responsables, prefirieron expurgar a las personas, abrirles sus cuentas, ver sus patrimonios y escarbar sus familias. Ocho meses después, lo único que se les ocurre decir es que el Consejo de Ministros es una asociación ilícita para delinquir, el que habría cometido una infracción constitucional. Con ese criterio, otra asociación ilícita para delinquir, en este caso el Congreso, debería ser íntegramente imputada por no inconstitucionalizar el decreto. Y me refiero al Congreso actual porque, hasta el día de hoy, el DU 004 que, según la comisión, es en sí mismo un delito, SIGUE VIGENTE, y la Comisión de Constitución presidida por el nacionalismo no lo ha derogado.

El papelón presenta, además, visos de espectáculo circense con el abrupto ingreso a escena del inefable "procurador" (digo, es un decir) Julio Arbizu que, orondo él, anuncia que el Gobierno colabora directamente con la tremenda comisión y que mantiene estrechas relaciones (sic) con el congresista Tejada. La cereza de la torta. Era, realmente, lo único que faltaba para completar la hilarante coreografía de esta puesta en escena digna de los mejores escenarios del país. Porque el que el Ejecutivo meta sus narices en una investigación congresal, monitoreando al presidente de una comisión, y haciéndolo patinar con tal estrépito, solo podía tener como justificación que este fuese digitado con el objetivo de sacarle las castañas del fuego al Gobierno. Acosado por las imputaciones encajadas por los nuevos ministros y asimilando aún el coscorrón de la obligada renuncia de dos de ellos, ese famoso informe filtrado a un diario tenía como objetivo crear una cortina de humo y darse un respiro.

Pero, también sin quererlo, han puesto en evidencia que detrás de todo esto está el objetivo político de buscar que Alan García y el Apra aparezcan golpeados y arrinconados en los comicios de 2014 y de 2016. Lo que han generado es justamente lo contrario, porque mantienen en las portadas de sus diarios, todos los días, la fotografía del expresidente y le dan argumentos cotidianos al aprismo para refutar sus argumentos. No tienen ningún interés en investigar los auténticos casos de corrupción ocurridos en el lustro pasado, ya que estos solo les iban a producir responsables de segunda o tercera fila. No iban a darse el trabajo de gastar pólvora en gallinazos. El objetivo es García y no había que perder tiempo.

Desesperados por la coyuntura de la censura ministerial, había que voltear el punto de mira contra el expresidente a ver si esos dos parlamentarios apristas que tanto hablan se callan un poquito. Lo que han logrado es que hablen más y sigan polemizando, mientras ellos revisan apresuradamente sus papeles a ver cómo evitan seguir hundiéndose en el descrédito.