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Fritz Du Bois, La opinión del directorEl Perú es, sin duda, la actual estrella de la región. Incluso, aprovechando su gira por Francia, Humala presentó la solicitud de ingreso al club de las naciones más ricas del mundo, lo cual, hasta hace poco, nadie hubiera siquiera soñado. Más aún, en este nuevo viaje, el mandatario habrá notado la distancia tan abismal que separa el comportamiento de nuestra economía de la de los llamados países desarrollados. Con lo cual ya no tendrá duda alguna de lo beneficioso que les ha resultado a los peruanos el haber tenido un manejo económico adecuado durante los últimos 20 años.

Por ello, es fundamental, a esta altura del partido, reflexionar no solo sobre lo bien que nos va sino, más importante aún, sobre lo que nos falta por mejorar. Para empezar, cuando uno ve el ranking mundial, ya sea de facilidad para los negocios o de competitividad, uno encuentra que parecemos un país esquizofrénico. Estamos en la élite mundial en protección de inversiones y en entorno macroeconómico, pero estamos al nivel de los africanos más atrasados cuando hablamos de infraestructura, educación, institucionalidad o de respetar contratos. En realidad, somos el único país del mundo en tener una brecha interna tan amplia entre nuestros indicadores. Usualmente, el nivel de desarrollo de una nación es relativamente uniforme. Pero, en nuestro caso, son enormes las diferencias entre los sectores que se modernizaron, al haber sido reformados, y aquellos que siguen siendo manejados como si siguiera la dictadura de Velasco.

Así, tenemos que la causa de que tengamos una infraestructura de transporte tan deficitaria o la menor cobertura latinoamericana de saneamiento y agua es el monopolio estatal que las sigue retrasando. Mientras que la peor educación en la región y la menor red de salud son el resultado de sucesivos gobiernos que les han tenido temor a los sindicatos. Por ello es que nuestro actual bienestar tiene un límite, tiene plazo. En unos 10 años, cuando se agote el impulso del surgimiento de la clase media o de los proyectos mineros, caeremos nuevamente en la mediocridad de un crecimiento inadecuado, debido a la deficiencias de nuestro capital humano, tan mal educado, o por los costos logísticos prohibitivos que nos sacan del mercado.

Esta situación nace de no haber realizado reformas con convicción al tener políticos de medio pelo que evaden la confrontación con el Sutep o con Sedapal, esta última siempre rodeada de negociados. O de implementar programas de gobierno a media tinta en los cuales se vanagloriaban de los sectores que avanzaban, mientras ignoraban completamente todos aquellos que se quedaban estáticos.

En todo caso, si este gobierno es serio en tocar las puertas para entrar al mundo desarrollado, deberia de iniciar reformas para modernizarnos. El piloto automático requiere, como combustible, de nuevas ideas para no quedar estancado.