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Enrique Castillo,Opina.21ecastillo@peru21.com

Seguramente se nos mostrarían algunas acciones muy puntuales y sin duda positivas, como lo hizo el presidente en su mensaje del sábado, pero no veríamos nada de envergadura, nada realmente trascendente, nada que ayude a convertir el crecimiento en desarrollo. Y eso nos preocupa.

Los afanes del Gobierno han estado orientados –y no cabe duda que lo seguirán estando– a demostrar que el presidente sí cumple con sus promesas de campaña.

Esto no estaría mal y, por el contrario, sería muy positivo, si no fuera porque la atención de estos temas –que constituyen tan solo un paquete de medidas asistencialistas que ayudan a atender a pequeños grupos vulnerables, pero que no les solucionan definitivamente su problema–, así como el manejo desordenado y mal priorizado de otros asuntos que se precipitaron con la coyuntura, han comprometido el esfuerzo general del Ejecutivo, haciendo que se deje de lado lo que es verdaderamente importante.

Se sigue postergando –por falta de ideas o por desinterés– el tema educativo; la seguridad ciudadana, la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción, el desarrollo de la infraestructura, la verdadera inclusión social, el desarrollo del agro en la sierra y la ampliación de la base tributaria.

Nadie le pide al presidente que se convierta en mago y que solucione los problemas en un año. Está equivocado o entendió mal la demanda ciudadana.

Lo que se le pide es que encare estos problemas, organice a su Gobierno y dicte las medidas que puedan darle solución definitiva a estos asuntos, o, por lo menos, para que la búsqueda de la solución quede encaminada.

Para eso se le dio el primer año, para aprender y gobernar. Ojalá que no se pierda otro año más.