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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@ceprovi.org

Pero hay luces y oscuridades más concretas. Se ven a todas luces. Me refiero a la demostración inconsciente de poder cuando se repletan las fachadas de luces en forma obsesiva. Inconscientemente concursan para ver quién es más poderoso, cuando aquí nomás, en Villa María del Triunfo, en Ticlio Chico, no tienen luz ni en el día. En ese lugar, las nubes cubren el cerro siempre.

La sensibilidad es sustancial para adquirir la condición de persona. Nacemos humanos pero no personas. Pensar en el otro es un desarrollo producto de haber sentido que quienes nos criaron lo practicaban. También de sentir el amor social.

La sensibilidad nos aleja del zoológico-sección mamíferos solo un poco porque compartimos con ellos el 80% del cerebro, extremidades, aparato digestivo, circulatorio, etc. ¿O no?

La sensibilidad se retuerce cuando vemos casas iluminadas como los casinos y vienen a la mente los miles que viven a oscuras: de luces y esperanzas.

La frivolidad tiene su encanto, pero mejor hay que ponerle límites. Nos acercamos a la esquizofrenia hablando del niño Jesús y, a la vez, dando rienda suelta a la frivolidad.