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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

A la aeronave se subía sin pasar fastidiosas revisiones y uno podía llevar prácticamente cualquier cosa consigo. Eran tiempos anteriores al secuestro de aviones y a la paranoia terrorista que padecemos en la actualidad. Los espacios para el viajero eran más amplios, el alcohol abundante, la comida mejor y en cada escala recibíamos un regalo.

Recordaba esto a raíz de una noticia proveniente de Estados Unidos que nos cuenta cómo un piloto enloqueció en pleno vuelo y se puso a gritar –mientras corría por el pasillo del avión– que había bombas de Al Qaeda a bordo y que iban a estrellarse. Todo esto lo decía mientras invitaba a los pasajeros a rezar sus oraciones. Lo curioso de este hecho es que los pasajeros iban a una convención sobre seguridad en Las Vegas y –dados sus intereses– no deben de haber sido totalmente ajenos a la paranoia del piloto. Más curioso aun es que fue el segundo incidente del mes pues, a mediados de marzo, un avión de American Airlines estaba a punto de despegar de Dallas cuando una azafata anunció que la nave iba a estrellarse y soltó un discurso sobre la suspensión de pagos de la compañía. Según la versión oficial, la azafata sufrió un ataque de nervios. Supongo que el consumo masivo de información sobre las maldades que otros países pergeñan contra Estados Unidos –más el clima casi militar de muchos aeropuertos– debe de contribuir a generar estas anomalías en la conducta de personas que debieran ser, por la función que cumplen, quienes mayor autocontrol deben tener.