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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

En este caso, un par de millones de clientes o presas potenciales de esos taxis que los detienen en cualquier sitio y pasan minutos eternos discutiendo el precio, miles de combis enloquecidas a las que solo les falta avanzar de costado; otros miles de enormes y lentos camiones que circulan llevando cemento o yendo a buscarlo; más miles que llevan ladrillos u otros insumos para la construcción. En suma, se trata de centenares o miles de metros cuadrados transformados en murallas insalvables por taxis y camiones a los que se suma la poca disposición de sus conductores a actuar como seres sociales responsables. Además, las obras en construcción no siempre cumplen con las ordenanzas y producen numerosos embotellamientos en las zonas que han ocupado trastornando, lo que es inevitable, no solo el tránsito sino la vida misma de quienes tienen (tenemos) la desgracia de ser sus vecinos. ¿Quién no es vecino hoy de una obra en construcción? Enhorabuena por la chamba que brinda a miles de personas pero cuánto más lo festejaríamos si todos los que construyen limitaran al mínimo el desgaste nervioso que su ruido, su polvo y los numerosos objetos que ya no les sirven no escaparan tan fácilmente a su control. Si en un momento de reflexión fueran capaces de decirse: "Carajo aquí al lado vive gente, tenemos que evitar matarla".

En suma, administrar Lima es administrar el caos que provocan los factores mencionados, más las conductas que ese caos genera.