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Guillermo Giacosa, Opina.21ggiacosa@peru21.com

Ocurre que hemos creado problemas que ahora nos superan, y ninguna respuesta parece válida para satisfacer al conjunto. Si sirve de consuelo, recordaré que lo que hoy tiene que ver con la contaminación de las aguas, ayer también rozaba el mismo tema pero tenía peor olor. Nuestros abuelos se preocupaban por la caca. De caballo, pero caca al fin. En 1898, la Primera Conferencia de Planificación Urbana se realizó en Nueva York y el gran tema fue la KK equina. Muchas ciudades tenían ya más de un millón de habitantes y su medio de transporte era el caballo. Los embotellamientos eran enormes y olían peor. A los costados de la calzada se alzaban pilas de estiércol de hasta 18 metros y, cuando llovía, era como si el infierno penetrara en los sótanos de las casas mientras las moscas y las ratas disfrutaban como en parque de diversiones y distribuían enfermedades como si fueran volantes en campaña política. Las escaleras que conducían a la entrada de las casas eran para elevarnos sobre los olores. La solución la trajo el automóvil que, a su vez, creó nuevos y dramáticos problemas. Reemplazó la KK por el dióxido de carbono y en esa estamos: tratando siempre de que el progreso progrese sin que tengamos que pagarlo con nuestra salud o nuestra vida.