notitle
notitle

Uno. La izquierda peruana tiene un serio problema de autoconcepción frente al tema de Venezuela; léase, se autodenominan "demócratas", pero son incapaces de denunciar a la dictadura de Maduro. Ayer, en el Congreso, aprovecharon cualquier treta para salir raudos a denunciar a todos, menos a quienes podían (y debían) hacerlo: al régimen dictatorial y corrupto de Nicolás Maduro. Cierto, estas declaraciones del Congreso peruano no serán un "game-changer", ni mucho menos, pero algo es algo, las declaraciones sirven para sentar posiciones y podrían incentivar a otros parlamentos, y así ir poco a poco haciendo presión internacional. Pero no. Para la izquierda peruana más importante era entramparse en las comas, el pasado o sus propios errores. En fin.

Dos. Hace pocos días, en un programa televisivo, la actual cabeza de la constructora brasileña Odebrecht, Mauricio Cruz, sostuvo que la empresa debería pagar el doble de las "coimas" declaradas. Es decir, han declarado US$30 millones, entonces deberían pagar como multa US$60 millones. Yo propondría una figura parecida: deberían pagar el doble de las utilidades generadas en las obras donde pagaron "coimas". Léase, la utilidad del Gasoducto (un proyecto de US$7,000 millones, con un avance de cerca de US$1,500) era hasta el momento US$150 millones, pues US$300 millones de multa. Si no, la multa sale de nuestro bolsillo; es decir, de la utilidad de la obra que nosotros, los contribuyentes, pagamos.

Tres. La decisión que tome la Sala de Apelaciones, presidida por el juez Sahuanay, aunque importante, no deberá alegrar ni entristecer a nadie. Es un fallo, y habrá que acatarlo; si la pareja fuga, pues le habrán dado la razón a la Fiscalía (y en el juicio, imagino, agravará la situación de los denunciados); y si no fugan, pues igual el juicio no debería tomar mucho tiempo en empezar (existe tanta evidencia que el fallo contra ambos y sus colaboradores es muy probable). Lo importante es que la justicia avance. Cero impunidad.