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La huelga docente, que hoy cumple 48 días, es un problema muy complejo para el gobierno y para el país. A este problema se suma ahora una huelga médica que, sin la complejidad de la anterior, puede abrir una nueva dinámica de conflictividad social para el gobierno, y los escenarios pueden ser muy negativos en el largo plazo.

Todo apunta a que la huelga docente tiene un componente político antes que programático. La Derrama Magisterial, que como sabemos maneja Patria Roja, es la cereza en disputa; de acuerdo con un informe de 2016, la entidad manejaba fondos individuales por casi 1,721 millones de soles en 2015. Estos fondos los maneja el sector político que dirige el Sutep. Las alas sindicales del sur, segregadas, están apuntando a dicho liderazgo.

Esto último supone graves problemas para el gobierno. Para empezar, no existe una cabeza con la cual negociar, pero a ello se suma un problema mayor: lo que se discuta a nivel programático (salarios, bonos, etcétera) no es el fondo del problema. Si no tienes con quién negociar, y lo que negocias no es el principal interés de la cúpula, pues no habría que ser muy optimista sobre el desenlace.

Lamentablemente, estas riñas con tufillo político les sirven a unos cuantos buscadores de rentas locales, pero ponen en serio riesgo el año escolar de miles de jóvenes en el sur del país, justamente la zona donde necesitamos reforzar el capital humano de cara al salto tecnológico que vivimos.

La situación es difícil, y será muy importante cómo resuelve este problema el gobierno, ya que servirá como incentivo (o desincentivo) para los futuros buscadores de rentas políticas, a sabiendas de que estamos por entrar a un año electoral. Y ya sabemos en qué acaban los revoltosos: de alcaldes, gobernadores y luego de congresistas y candidatos presidenciales.

Los partidos políticos (representados en el Congreso) deberían poner el hombro en este momento. Un gobierno débil es un blanco fácil, pero no si al frente se cierra la partidocracia moderna.