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Fritz Du Bois, La opinión del directorAcabamos de pasar por otro episodio de un desborde generalizado y el Gobierno, inicialmente, parecía estar en otro lado. Es como si fuera el personaje de Peter Sellers, haciendo propuestas estando un tanto alejado. Pero, en lugar de usar el sentido común en las sugerencias de solución, ellos solo plantean más legislación, que es justamente lo que no necesitamos.

Así, tenemos que, ante la evidente improvisación que se ha visto en Conga, en Jauja, en el VRAEM y, ahora, en La Victoria, la respuesta siempre es inadecuada, siendo usualmente una tinterillada. Por ejemplo, luego de la extrema violencia y pérdida total de control en La Parada, el que el presidente salga a sugerir como única propuesta incrementar las penas para los que atacan a la Policía parece una excusa para salir del paso. Más aún, no hizo mención alguna a la restitución del principio de autoridad que a su gobierno, claramente, se le está escapando. Con lo cual, la sensación que da a la población es que los violentistas que se niegan a aceptar desde una inversión minera hasta un aeropuerto o el traslado de un mercado –y, para ello, queman llantas, tiran piedras o terminan saqueando– logran su objetivo y salen ganando.

Por otro lado, es evidente que el Gobierno no cuenta con una estrategia para combatir a Sendero ni en las aulas, ni en las calles, ni en el VRAEM. Aquí, nuevamente el hablar de una absurda ley de negacionismo (como si eso fuera a desaparecer el terrorismo) o de ofrecer llevar físicamente al Estado (burócratas, maestros, médicos, magistrados) a una zona semiliberada por el terrorismo y el narcotráfico –en la cual ni las Fuerzas Armadas pueden moverse sin ser emboscadas– parece una ingenuidad o, tal vez, el buscar dar la impresión de que sí se está actuando.

En realidad, lo que el país requiere no son más leyes –ya tenemos suficientes– sino simplemente que el Gobierno imponga la ley por igual a todos los peruanos. Es vital que no les tiemble la mano para despejar a desadaptados que creen que con violencia logran resultados o para enfrentar a los senderistas o para encarcelar a nativos que creen tener impunidad para secuestrar y maltratar a ingenieros que tenían todo el derecho del mundo de estar trabajando.

Por ello es que ha sido tan importante que la Policía haya reaccionado y recuperado el control de La Parada. Ojalá esta reacción marque el fin de la pasividad gubernamental. Al final veremos si la estrategia de la Municipalidad de Lima, de bloquear el Mercado Mayorista, da resultado y logra forzar el traslado de los comerciantes a Santa Anita. Pero el solo hecho de que la población esté finalmente presenciando cómo se está intentando restituir el sentido de autoridad nos parece fundamental y refleja un giro dramático. Más aún, esperamos que este cambio de actitud sea generalizado entre autoridades y funcionarios. Es vital reducir la sensación de desgobierno que se estaba dando y que estaba alarmando a la mayoría de ciudadanos.