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Mónica Delta,Opina.21mdelta@peru21.com

Apenas un día antes, el padre del agente había denunciado que "el comando ha dejado de buscarlo". La ciudadanía levantó una ceja pero había comenzado a distanciarse de la noticia tras la espectacular aparición de Luis Astuquillca, el policía de la Diroes que le ganó a la enmarañada selva del VRAE, salvándose por su capacidad de sobrevivir y por la ayuda de una nativa, pese a estar herido. Es notorio que nadie lo encontró y que llegó solo. Igual que el caso de Vilca. No fueron las fuerzas del orden las que encontraron el cadáver, sino su padre, gracias al apoyo de dos comuneros.

La madre de Vilca había hecho el martes un pedido al presidente Humala, que dice mucho: "Usted también es padre". La fuerza implícita en ese grito le pega fuerte. A quién no. Cualquiera que tenga hijos sabe lo que es sentir ese dolor.

Los padres de este joven, que puso su vida en el frente de combate, vivieron días de angustia al saber que su hijo se desangraba y convulsionaba, en un ambiente absolutamente adverso. La única certeza que tenían era que cada minuto de búsqueda contaba. Lo que esperaba la familia Vilca, y la ciudadanía en general, era el compromiso de esas autoridades, tan presentes en las fotos de los "triunfos" pero tan ausentes cuando realmente son necesarios. Imagino a los Vilca cuando, al mirar la televisión y leer las noticias ven al jefe de Estado, en Palacio, recibiendo a Gene Simmons –el 'legendario' de la banda Kiss y su compañera, una modelo estadounidense– y, unos días más tarde, a un mandatario respaldando al entrenador y 'guapeando' a los jugadores de la selección de fútbol porque "no le ponen eso que tenemos los peruanos y la peruanas". Debe ser muy duro. La exigencia de los peruanos es no tener un Estado indiferente. Eso sí mata.