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Mónica Delta,Opina21mdelta@peru21.com

Un dato escalofriante. Entre enero y agosto de este año, 5,322 mujeres denunciaron haber sido víctimas de violación sexual. Significa que, en Lima y Callao, al menos 22 mujeres son violadas diariamente. La mayor parte de los actos que vulneran nuestra libertad sexual no son en la calle, donde podrían acecharnos desconocidos. Es donde deberíamos sentirnos seguros: nuestro hogar.

Una mujer violada no solo está sometida a la peor vejación de sus derechos, sino que, por patrones culturales mal entendidos en el ámbito policial y judicial, de manera frecuente, es violentada no una, sino varias veces. Se advierte claramente que por prejuicios discriminatorios, pese a que la legislación reconoce la protección penal del derecho a la libertad sexual a todas las personas independientemente de su vida sexual previa, la pregunta inicial y persistente no se escapa. "Indique usted si ha tenido previamente relaciones con Juan, Pedro o 'perico de los palotes'". Esa pregunta marcará un juicio previo de quien tiene en sus manos la dirección de la investigación.

El grado de vulnerabilidad e indefensión de la víctima es enorme, y con lo primero que se enfrenta es con una mirada "machista" y, en muchas ocasiones, hasta inquisidora. Vamos a cambiarles este 'chip' retrógrado y alucinante para ser una sociedad que se respete. La indiferencia y las deformaciones culturales nos convierten en ciudadanos y ciudadanas de segunda categoría y nos pueden matar lentamente. Por eso, en el año que termina y en el otro que comienza, tomemos la determinación de crecer como seres humanos empezando por exigir a las autoridades que las sanciones no se debiliten encontrando "los atajos" de la hipocresía y el doble rasero.