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Carlos Carlín,Habla.BabasEl último conflicto mediático de nuestra televisión tuvo como protagonista a Aroldo Miveco, un peruano nativo de la comunidad amazónica Bora, que se convirtió en una especie de símbolo sexual gracias a un reality de la televisión chilena. El conflicto estalló cuando Aroldo fue recibido en Santiago por miembros del programa con una serie de burlas torpes e ignorantes, como si este fuese un Tarzán amazónico, un mono, casi un animal.

Estos maltratos fueron replicados y aumentados por otros programas chilenos llamando a Aroldo desde incivilizado hasta ignorante. Aquí, en nuestro país, la defensa de Aroldo y los boras, como era de esperarse, se orientó en muchos casos a azuzar la bronquita escolar que existe desde hace mucho tiempo con Chile, olvidando que los únicos responsables del maltrato fueron un grupo de subnormales conductores de televisión y no TODO un país.

Este episodio anecdótico y poco importante, como la televisión misma, no sirve sino para que nosotros mismos, peruanos, nos preguntemos qué tanto cuidamos, respetamos y atendemos a nuestras comunidades amazónicas. ¿Sabemos dónde habita la tribu Bora? ¿Cómo trataríamos a Aroldo si lo viéramos sentado en nuestra mesa? Si nosotros mismos, peruanos, no podemos responder a esa pregunta, poca consistencia tendrá nuestra defensa.