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Guillermo Giacosa, Opina.21ggiacosa@peru21.com

Que conste que no lo hago para evitar un linchamiento, sino porque realmente la disfruto y he llegado a extrañarla cuando no estoy en el Perú. No obstante, me asombró la pregunta que se formuló una revista local en su portada: ¿POR QUÉ NOS GUSTA TANTO COMER EN EL PERÚ? Y también me llamó la atención esa afirmación de que "a los peruanos nos encanta comer".

Puedo asegurarles, luego de haber vivido en Francia y España e Italia, que en esos tres países no solo les gusta comer, les obsesiona. En España he llegado a empalmar almuerzo con cena sin levantarme de la mesa y, en Francia, la ceremonia de la comida es tan ordenada y exigente que parece casi un ritual religioso. No detallaré –por falta de espacio en esta columna– la variedad de platos ingeridos, pero aseguro que de solo recordarla siento impulsos de recurrir al bicarbonato. No conozco un solo país que no se ufane de alguno de los platos de su comida nacional, desde el Fu-Fu que disfruté en Ghana hasta las ensaladas saturadas de aceitunas de Sideri, una población de 300 habitantes en Grecia. En todos los países por los que he pasado, la comida es el ritual de festejo por excelencia.

Creo que habría que acentuar, como ya se hace –y muy bien, por otra parte–, la variedad fantástica de sabores que la comida peruana exhibe y la originalidad de muchos de sus platos. Lo que cuenta es destacar lo que hace diferente al Perú en este campo y no ponerle la casaquilla nacional a una característica que es propia del conjunto de la humanidad.