notitle
notitle

Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Ser críticos frente a la propia concepción de la realidad tiene el carácter de hazaña. Ayer, quienes apostaban al comunismo convertían el gobierno proletario en una anquilosada burocracia. Hoy quienes apuestan por el neoliberalismo son incapaces, luego de provocar una crisis de nunca acabar, de criticar sensatamente sus objetivos y métodos. No ha aparecido aún el Gorbachov neoliberal que acepte que el sistema marcha hacia una vía muerta y que, además, amenaza con aniquilar el medio ambiente debido a la explotación desproporcionada de la naturaleza. Hay quienes, por ejemplo, se ufanan porque el parque automotor limeño aumentará en 100,000 unidades este año o porque los vuelos, que destrozan la capa de ozono, se multiplican.

Pensar en crecer sin considerar las consecuencias indica un grado de alienación que raya con la imbecilidad y contraría la lógica de toda especie viva, que es la de seguir viviendo. Para los entusiastas con el desarrollo al estilo capitalismo salvaje, ese es un tema menor y cada vez que lo plantean internacionalmente posponen la respuesta para la próxima reunión. Decía Morin: "El logro del siglo XXI debe ser que los seres humanos no sigan siendo juguetes inconscientes de sus propias ideas y mentiras." ¿Es posible? Difícil, sobre todo viendo la fragilidad moral que sustenta el quehacer de los medios de comunicación y su tendencia a privilegiar intereses coyunturales por sobre principios.