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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Es un absurdo tan monumental e incomprensible, que el presidente de la Comisión de Grandes Riesgos declaró que con esta decisión se acabó toda colaboración entre el mundo científico y el Estado. Por otra parte, connotados hombres de ciencia de todo el orbe reclamaron aduciendo que los terremotos siguen siendo impredecibles.

Felizmente, el ridículo fallo pertenece a un país occidental, cristiano y partidario del mercado. No es un país musulmán o alguno de aquellos que se dan en nombrar como estados fallidos. Se trata de las usinas productoras de prejuicios, en cuyo interior la prensa juega un papel determinante, y estarían fertilizando los odios, apuntalando aún más las barreras que nos separan. Resulta a su vez curioso que en ese mismo Occidente se castigue a científicos por no prever lo que es imposible de prever y se deje libre a los delincuentes, que integraban (e integran) las agencias que vaticinan los riesgos financieros, por no prever lo que SÍ ES POSIBLE PREVER. Justicia medieval, absurda, basada en el pensamiento mágico y, para colmo, del brazo con los poderes seculares encargados de mantener viva e indemne la corrupción que favorece a los sectores privilegiados. Este juicio de Italia, deseo y espero, en nombre de la racionalidad, que sea anulado. El otro, el que debió dar una lección moral a todo el orbe, no ocurrirá nunca.