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Carmen González, Opina.21c.gonzalez@ceprovi.org

Por eso, cuando se critica a los padres por sus malos tratos, se amparan en que son "sus" hijos y que pueden hacer con ellos lo que les plazca.

Tienen, además, terror a reconocer los odios y rencores sentidos por sus propios padres. Afirman, por ejemplo: "Gracias a los correazos que recibí soy como soy". Ni tienen idea de lo primitivos que son.

El maltrato carcome los cimientos de la vida misma. Quita la fuerza, la energía y llena el alma de odios que se expresan en violencia hacia uno mismo y hacia los demás: "Nunca tuve fuerza para cumplir lo que quería hacer, pude hacer más cosas y ya tengo 65 años. He dado secundaria a mis hijos, pero ahora ni dientes tengo. Nunca me sentí valioso y ¿cómo lo iba a ser si veía a mi madre sufrir y, después, ella se descargaba con nosotros?". Dionisio, taxista.

Es necesario que se apruebe el proyecto de ley planteado por la exministra de la Mujer que prohíbe a los padres maltratar a sus hijos. Propongo que se fijen sanciones variables: desde días de internamiento en el Inabif para reeducarlos hasta retirar a los hijos de su lado, según la gravedad.