Foto: Rafael Cornejo.
Foto: Rafael Cornejo.

Paul H. Ingebretsen,EjecutivoAutor: Gonzalo Pajaresgpajares@peru21.com

Es de origen noruego. Su abuelo cazaba ballenas, pero él creció en Nueva York. "Soy el único de mi familia que se quedó en tierra", nos dice Paul H. Ingebretsen, 'capitán' del hotel Westin.

Creció en Nueva York…Nací en La Florida, pero crecí en Nueva York. Hice la universidad en Washington State. Me he dedicado toda la vida a la hotelería. Empecé lavando platos, pues mis padres se separaron y crecí en un hogar humilde. Mi padre se fue y tuvimos que ser subsidiados por el Estado norteamericano, tanto en alimentación, servicios médicos y educación. La educación pública era de calidad, pues en el mismo colegio podían estudiar tanto los hijos de un millonario como alguien de origen humilde, como yo.

¿La universidad también la hizo becado?No, porque fui un estudiante promedio. La hice mediante préstamos. Trabajaba 40 horas por semana y, al terminar mi carrera, tenía una deuda de 40 mil dólares.

¿Era un estudiante promedio porque tenía que trabajar?No, yo era muy flojo (ríe). En la preparatoria fui un alumno promedio porque las mujeres y los deportes me distraían (risas).

Cuando se dedicó a las mujeres y a los deportes, ¿le fue bien?Sí (ríe). Fui un buen jugador de bolos y tengo un hoyo en uno en golf. En el golf, uno mismo es su peor enemigo, pues hay que controlar nuestras emociones. Uno puede dar un primer golpe magnífico, pero ese golpe acaba allí, hay que volver a empezar… como en la vida.

¿Cuántas horas al día trabaja?Unas diez. Prefiero la calidad a la cantidad. Al inicio de mi carrera trabajaba mucho y eso me ocasionó dos divorcios (risas). Entonces entendí que hay que equilibrar las responsabilidades del trabajo y de la familia. Muchas veces asumimos que la mujer puede hacer nuestras tareas, suplir nuestra ausencia. La estabilidad económica es importante pero no hay que descuidar la parte emocional. Lamento las veces que, por trabajo, no estuve en una función de teatro, en un recital donde participaron mis hijas.

¿Qué condiciones debe tener un líder para dirigir un equipo como el del Westin?La persona menos importante allí soy yo. El importante es el empleado que tiene contacto con el huésped, quien es quien nos paga el sueldo, no el propietario. Yo me aseguro de que los empleados que tienen interacción con el cliente tengan todo lo que necesitan: capacitación, desarrollo, sueldo competitivo, oportunidades de crecimiento. El líder en hotelería tiene tres tareas principales: cumplir con las expectativas del propietario, del huésped y del empleado… y el más importante es el empleado.

¿Diría que hay una 'experiencia Westin'?Sí, ella nos hace diferentes: cama celestial, spa celestial (es uno de los mejores de Sudamérica), alimentos 'superfood'. Tenemos una cultura del bienestar y de la transformación: uno llega estresado y sale relajado.

¿Qué plus ha conseguido?He llegado al Perú con 30 años de experiencia en hotelería. He tomado lo mejor que he visto en mi carrera y le he integrado elementos de la cultura peruana. El Perú tiene mucho que ofrecer. El peruano es amable, le gusta aprender, está dispuesto a escuchar, a dar lo mejor de sí cada día. Al inicio pensé que el hotel iba a ser conocido por nuestras instalaciones, pero me consta que hoy destacan nuestro equipo humano. Tenemos un hotel de clase mundial, comparable con los mejores que hay en Asia, en Europa y Estados Unidos. Si complementamos esto con la actitud, el don de servicio del peruano, la gastronomía y la buena atención, lograremos algo maravilloso.

¿Qué lo animó a venir a trabajar al Perú?Después de ver el proyecto y de saber quiénes eran los propietarios, fue muy fácil. Debo ser la envidia de muchos hoteleros en el mundo. En mayo cumplo dos años aquí y mi novia es peruana. Me gustaría quedarme varios años más.

¿Qué le gusta del Perú?Primero: los peruanos son luchadores. Me parece espectacular ver dónde están hoy y comparar esto con dónde estuvieron hace pocos años. Segundo: el país está creciendo. Hay que aprovechar este momento. Todos tienen hoy la oportunidad de ser exitosos. Tercero: su gastronomía es muy buena. Nunca he comido tan bien como en el Perú.

¿Qué no le gusta del Perú?Primero, la suciedad. Puede haber una mejor cultura de limpieza. Segundo, los peruanos son unos salvajes cuando manejan. Tercero, cierto pesimismo. "Como no tengo apellido ni estudié en tal universidad no triunfaré". Tenemos que reemplazar el síndrome del pesimismo por el del optimismo.

¿Qué meta le han puesto los Brescia?Ser los mejores anfitriones para que nuestros huéspedes se conviertan en los mejores embajadores del Perú.

AUTOFICHA

- Mi papá es noruego; yo, gringo; mis hijas, mexicanas: somos las Naciones Unidas (ríe). Estoy separado de una mexicana-asturiana. Mis hijas tienen 14 y 18 años.

- Por una ley de integración de la Corte Suprema de EE.UU., estudié en un colegio donde la mayoría era afroamericana. Me sirvió de mucho.

- Al que llega a Lima hay que decirle tres cosas: come chifa con Inca Kola, no manejes detrás de un taxi vacío y no importa tu carril, el otro siempre te cruzará (ríe).