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Carlos Carlín,Habla.BabasCaminaba por la calle cuando escuché un grito: ¡Haz teatro! Era una voz de mujer. Miré a todos lados buscando a la propietaria, pero en esa calle solo estaban un heladero durmiendo sobre su carretilla y un perro. Obviamente, ni el perro ni la carretilla habían gritado. Me quedé en silencio y volví a escuchar ¡Haz teatro!, pero esta vez más cerca de mi oreja. Giré bruscamente y detrás de mi encontré a una viejita enana que, señalándome con su dedo largo, empezó a sermonearme: Oye, ¿por qué no regresas al teatro? ¡Ay! ¡Cómo te extraño en el teatro! Ah no, lo tuyo es el teatro. ¿Ya no haces teatro, no? ¿Dónde te vi la última vez? No sé, señora, tal vez en… Yo sé, me interrumpió, ¡en el teatro! ¡Vuelve al teatro, papito, qué haces entrevistando bataclanas y asesinos! Tratando de mostrarme amable, le pelé las muelas y le dije que no se preocupara, que el próximo año regresaba al teatro. Ella me cortó otra vez: La televisión está horrible, hijito. Yo nunca veo pero el otro día, de casualidad, vi a una pobre mujer a la que su marido le había mordido la cara. ¡Qué horror! Sí señora, qué horror. Antes de irme le pregunté cuándo fue la última vez que había ido a ver una obra de teatro y me respondió: Ay, hijo, no sé, pero Cattone estaba muchachito.