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Mónica Delta,Opina21mdelta@peru21.com

Ha sido disperso y contradictorio. Como buen soldado, debe apuntar al 'blanco', ni a la derecha ni a la izquierda.

Combatir la desconfianza, la debilidad institucional, la inseguridad y lograr una verdadera reforma del Estado deben ser un imperativo. No se trata, pues, de ponerse por encima del bien y del mal, sino en un nivel que ataque las taras endémicas que conducen a la corrupción que ha jurado combatir.

Su mayor cambio, hasta ahora, es no haber cambiado el modelo económico, lo que está bien. Pero no debe perder de vista lo que nos convertirá en una verdadera sociedad inclusiva: Una 'corajuda' reforma del Estado.

Tenemos un Estado con abundantes recursos que vienen de los altos precios de los commodities, pero ineficiente, corrompido y corruptor, incapaz de gerenciar y ejecutar bien el dinero. Ejemplo de ello es lo que ocurre en muchas regiones, donde gobiernan pequeños 'reyezuelos' que pueden paralizar ciudades, desafiar al 'Supremo' y, con dinero en sus cuentas, no saben, siquiera, cómo mejorar la vida de sus pobladores, sentenciándolos a vivir en la pobreza e ignorancia.

Humala y sus ministros deben empeñarse en que en el 2016 haya un estado cuyos ingresos obedezcan a la contribución de los ciudadanos y no a los altos precios internacionales. Para eso tienen que ajustarse bien los pantalones, buscar la excelencia, recuperar la autoridad, olvidarse de las ideologías obsoletas que no transforman nada y revertir la cultura de los 'comechados' y los 'pepe el vivo'. La democracia no implica debilidad. Lo que necesitamos es un gobierno que demuestre liderazgo para hacer las transformaciones que apunten a tener una sociedad justa, eficiente y menos indiferente.