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Por: Política / Carlos BasombríoParte de los que votaron por Humala lo hicieron pensando en que encabezaría un cambio social radical; otros, porque vieron en un militar la posibilidad de tener más orden y, sobre todo, seguridad ciudadana; pero creo que en la segunda vuelta fue decisivo lo de la honestidad, aprovechando el contraste con el fujimorismo.

En términos generales, se puede decir que el gobierno de Humala es hasta ahora mucho más continuidad que cambio. En algunos aspectos, ello viene siendo positivo, ya que aleja los temores de las clases medias. Pero, definitivamente, en el tema de corrupción la continuidad es nefasta y, de acuerdo con todas las encuestas, está pasando factura.

Muy poco tiempo para tantos escándalos. Tres congresistas de la mayoría ya suspendidos por la Comisión de Ética (y hay más en cola); el vicepresidente Chehade y su archiconocida e inacabada historia; algunos nombramientos de personas de reputación cuestionada en cargos clave, como ejemplifica, tan bien, el tener de asesor legal en Palacio al abogado de Rómulo León en los 'petroaudios' y de conocidos acusados de narcotráfico.

Dado lo anterior, el escándalo que involucra a la prima segunda del presidente llega como pedrada en ojo de tuerto. No es funcionaria pública y no parece ser cercana a Humala, pero no deben olvidar el daño que causaron a su gobierno los parientes de Toledo. (Lo del camal de Yerbateros se parece al caso Andahuasi. ¿Qué hace de nuevo el director de la PNP envuelto en este asunto?).

Corrupción siempre habrá. El asunto es prevenirla con eficacia y sancionarla con severidad. Todavía están a tiempo.