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Lucía de Althaus, Opina.21Un niño se rehúsa a comer todo lo que se le ofrece, motivo de interminables y angustiantes peleas con su mamá. Esta se molesta, desespera, y no quiere estar más en casa. Luego de conversar con el terapeuta, se da cuenta de que la relación con su hijo está deteriorada no solo debido a su inapetencia, sino que se originó durante su embarazo no deseado, desencuentro que se ha agudizado con las discusiones en la mesa. El niño, al sentir este rechazo latente manifiesta su malestar negándose a alimentarse, creando peleas y más distanciamiento con su madre. Un círculo vicioso. Sucede con frecuencia que los niños establecen una batalla contra la comida, como una forma de decir algo, es decir, un síntoma. Y muchas veces lo que está detrás es una dificultad en el vínculo con la madre. Quizás por eso, el problema con la comida puede ser visto como una oportunidad para reflexionar sobre la relación con nuestros hijos y tratar de encontrar ahí la raíz del problema.