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Mónica Delta, Opina.21Duró poco. El amor murió, todo terminó, se acabó y punto. Como la letra de la canción, todo indica que La Gran Transformación es la que está ocurriendo en la bancada gubernamental. El presidente Humala, con sus cortas frases públicas, que van y vienen, como quien no quiere la cosa, ha ratificado, en una entrevista para la prensa española, que Gana Perú fue solo "una alianza electoral". Y, la verdad, con el cambio de gabinete, con la salida de los últimos asesores de la izquierda radical del entorno presidencial y con las 'alarmas' anunciando –en boca de Rosa Mavila– una escisión del bloque parlamentario, queda más claro que el proyecto nacionalista se apellida Humala-Heredia, y punto aparte. Lo curioso es que la 'grita' de los exasesores de izquierda ha comenzado cuando han sido obligados a renunciar y, en el ámbito congresal, tras el blindaje a Chehade. Nunca antes.

Humala insiste, ahora, en que no es "de izquierda ni de derecha, sino de abajo" y que su proyecto es el nacionalismo (¿?) que, en realidad, nadie sabe exactamente qué es. El escritor Camilo José de Cela dijo que "el nacionalismo se cura viajando", y eso es precisamente lo que esperamos, ahora que se ha ido a España y a Suiza, porque el país no necesita ni ideologías trasnochadas ni caudillos iluminados, ni tampoco necesita la satanización de las ideologías liberales o conservadoras, como hizo Fujimori en su momento con los partidos políticos.

Lo que el Perú necesita es defender con uñas y dientes la democracia, mantener el crecimiento económico, convocar sin sobresaltos la inversión privada, darle más oportunidades a un mayor número de compatriotas, cerrar brechas, intentar disminuir inequidades y pelear, sin ambigüedades, contra la corrupción, que es una tarea en la que no se ve determinación, aún, por parte de este gobierno. En ese sentido, y parafraseando a Humala, el gato, aunque no importe el color, no solo debe cazar ratones, sino también ratas cuando el caso lo amerite.