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Mauricio Mulder,Pido la palabraEl INEI ha dado a conocer ayer que, en aplicación de una metodología más moderna, el Perú redujo la pobreza de 58% en el 2004 a 30% en el 2010, léase el 31 de diciembre de ese año. En otras palabras, si tomamos esas cifras como tendencia, hoy estaríamos entre 27% y 24% de cifras de pobreza más bajo aún que el 30%, que fue la meta cumplida por el gobierno aprista para el 2011. De igual modo, la pobreza extrema, tan difícil de erradicar, se redujo de 16% a 7%, tres puntos más de lo que señalaba la anterior metodología. Y la rural bajó de 83 a 61 por ciento. Más de 20 puntos.

El índice Gini, ideado por los que son escépticos con respecto a las mediciones de pobreza, y que siempre ponen peros a las mejoras, es el que mide a los países en función de su igualdad. Sirve de argumento, como ocurrió con Humala en la campaña electoral, para decir que "está bien que reduzcamos pobreza, pero lo importante es reducir desigualdad". Humala llegaba a repetir la barbaridad de que no éramos el país más pobre, pero sí el más desigual. Era una tremenda mentira. El país más desigual de los 18 países del continente que fueron medidos en el 2011 es… Brasil (0.59), aquel cuyo modelo Humala decía que iba a seguir. De esa lista de 18, el Perú ocupa el 6º lugar (0.50), superando a Argentina, Chile, Colombia y varios más. Ergo, la desigualdad también ha disminuido. Crecimiento e igualdad alcanzados A PESAR de Humala y sus huestes desde el 2006 hasta el 2011.

Todo esto constituye el cambio más radical y más revolucionario que ha tenido la sociedad peruana en toda su historia. Jamás los peruanos han estado como hoy. La tendencia tiene casi 15 años, pero en los últimos cinco, por decidido e innegable impulso del presidente Alan García, se crearon casi ocho millones de empleos. Esa es la Gran Transformación, la real, la válida, la que Ollanta Humala constató una vez ungido y que lo llevó a darse cuenta de que desviar su rumbo sería, eso sí, traición a la patria.

Pero, aunque parezca mentira, esas son todavía para algunos muy malas noticias. No faltan los que dicen: "Sí, pero aún hay pobres", "sí, pero las cifras son maquilladas". Típicos rajones a quienes todo les parece mal y hacen hígado hasta cuando ganan la lotería.

Porque los agoreros del desastre, los derrotistas, los llorones de siempre, los que solo reclaman, no son los responsables de esos logros. Lo son los millones de peruanos que no se han dejado llevar por los que odian el desarrollo, porque con él desaparecen como políticos, se quedan sin caldo de cultivo. "Qué bien están las cosas de lo mal que se van poniendo" reza un viejo adagio comunista. Ellos dirían hoy en el Perú: "Qué mal están las cosas de lo bien que se están poniendo".

Mala noticia para ellos que haya habido redistribución. Que no hayan sido ellos los que hayan llevado a cabo esta auténtica revolución. Mala noticia porque los pone como reaccionarios a ultranza, derechistas irredentos, conservadores pasadistas, abuelitos nostálgicos, renegones y amargados incapaces de ver el poco futuro que les queda.

El Perú va pasando como un rayo y ellos se van quedando allí, adoloridos y haciendo hígado.