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Guido Lombardi,Opina.21glombardi@peru21.com

En general, el elector norteamericano está a favor de una "gran transformación" después de haber soportado, durante los últimos años, los efectos de la crisis financiera. Aparentemente, el presidente Obama tiene pocas novedades que ofrecer y es, más bien, su contrincante republicano quien propone cambios radicales.

Sin embargo, los cambios ofrecidos por Romney van en sentido contrario a los que, por ejemplo, se nos hicieran a los electores peruanos durante la campaña del 2011. No se trata de ampliar sino de reducir los programas sociales (particularmente en educación y salud). No se trata de promover políticas de inclusión sino de exclusión social, endureciendo las leyes migratorias y eliminando todo tipo de atención a los indocumentados. Adicionalmente, los recortes presupuestales propuestos por Romney dejarían intocado el gasto militar pero alcanzan, entre otros, a la Oficina Nacional de Desastres, encargada –en los últimos días– de paliar los destrozos causados por el huracán 'Sandy'.

En relación con la política exterior, hay que destacar la ausencia de América Latina en la agenda de campaña de ambas candidaturas, pese a la importancia cada vez mayor del voto hispano. La triste realidad es que nuestros problemas carecen de relevancia tanto para los políticos como para los ciudadanos de ese país, incluidos los hispanos.

Por otra parte –y esa es quizá, aunque indirecta, la única implicancia para nosotros de las elecciones de ayer–, un triunfo republicano supondría un desinterés mayor en el rescate de la economía europea y, probablemente, una prolongación de la crisis del Euro. En todo caso, cualquiera sea el resultado, cabe esperar un mayor dinamismo de la economía norteamericana.