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Enrique Castillo,Opina.21ecastillo@peru21.com

De aquí en adelante, si un hombre agrede o maltrata físicamente a una mujer, bastará una disculpa pública y privada –que según ambos es lo más importante– para que todo sea considerado como "un tema aislado y superado". Ya no tienen importancia los partes policiales, las denuncias, el examen del médico legista, los videos o testigos. Y, si por amenazas o presiones, la mujer agredida retira la denuncia, peor para ella, porque el Gobierno de Ollanta Humala solo protegerá –es un decir, porque este Gobierno solo exigirá que el hombre se disculpe en público y en privado– a aquellas mujeres que mantengan su denuncia.

Resulta inexplicable que este Gobierno y que el Presidente y la Primera Dama, que habían exigido en acto público que se acabe con toda forma de violencia contra la mujer, hayan socapado y protegido al ministro agresor durante tantos días, a pesar de la abrumadoramente mayoritaria indignación ciudadana, exponiéndose, una vez más, a perder autoridad y credibilidad; y exponiendo al ministro agresor al rechazo abierto, al permanente cuestionamiento, a la vergüenza, y al ridículo público.

Porque, aunque ya renunció el ministro Villena, nadie olvidará lo que hizo, y lo que hicieron los más altos miembros del Gobierno por tantos días –incluido el prolongado silencio presidencial–, para protegerlo y tratar de mantenerlo en el cargo.

Del Primer Ministro ya qué podemos decir, pocas veces hemos visto a un político en tantas y tan penosas situaciones.

¿Cómo queda ahora después que él mismo dio por superado el asunto? Definitivamente, el Gobierno necesita a otro Primer Ministro. ¿Cómo queda la Primera Dama y sus palabras en Gamarra?