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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

En cualquier caso, afirmaba The Economist, el mundo se hallaba frente a un cuadro de "mucho petróleo, muy barato, en el futuro previsible". Es bueno que quienes citan a esta publicación como autoridad inapelable, sepan que suele equivocarse al igual que las calificadoras de riesgo y que, además, acepten que –como ya lo subrayamos– el futuro se ha vuelto impredecible. Impredecible quiere decir impredecible y no abona ninguna teoría económica, ni filosofía de vida en particular. Solo nos pone en guardia contra profecías destinadas a defender intereses coyunturales.

La más extrema de las interpretaciones pesimistas y que, por lo que estamos viviendo, parece ser la más cercana a la realidad, dice que las reservas baratas de combustibles, a pesar de The Economist, terminaron para siempre, pues nos estamos quedando sin petróleo. Además comienzan a agotarse las tierras para expandir los cultivos de alimentos, a menos que decidamos seguir deforestando y por tanto expandiendo esa herida que desangra al planeta y que llamamos calentamiento global.

El tema, que los economistas parecen no considerar, es la existencia de una economía en permanente expansión en un planeta con recursos finitos. No plantearse esta posibilidad constituirá el primer genocidio anticipado de la historia. Estamos consumiendo, irresponsablemente, tierras, aguas y otros recursos de los que carecerán nuestros descendientes.