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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Que en el Perú nos guste comer bien es un hecho indiscutible desde el Virreinato, pero la novedad en este caso ha sido el haber logrado transformar esa obsesión en un activo, que representa el 15% del PBI y que emplea a 330 mil peruanos.

Más aún, es un negocio que viene creciendo a tasas de 10% al año, por lo que su importancia seguirá aumentando. Incluso, el siguiente paso sería el mercado orgánico, en el cual el Perú ya es el principal exportador mundial de café, y tenemos un enorme potencial para una diversidad de productos. En realidad, lo único positivo del desastre de la reforma agraria de Velasco fue que la falta de inversión en el campo terminó convirtiendo, por ausencia de fertilizantes, a los cultivos en orgánicos.

Por otro lado, pocas veces se ha visto una asociación tan provechosa entre iniciativa privada y Estado. Es posible que esto sea porque el impulso de la gastronomía ha sido totalmente privado y el sector público se ha limitado –correctamente– a complementarlo. Invariablemente, cuando un funcionario público cree que sabe más que los empresarios y apuesta por algo, ha fracasado.

Así que, para que el éxito de la gastronomía sea replicado, las campañas de promoción financiadas con los impuestos que pagamos los ciudadanos deberían ser decididas, no en función de la política, sino por el potencial que tengan de crear valor al corto plazo. Para lo cual es fundamental que inversiones significativas se hayan realizado antes para poder cubrir el crecimiento por la mayor demanda que se estaría generando.

Por ello, uno se pregunta si una campaña millonaria para promover Loreto es lo más sensato cuando aún no cuenta con suficiente infraestructura como para atender un fuerte aumento del turismo si la promoción da resultado.